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Quiero conocer gente - 338489

Este término no es sino cómo llamamos al proceso de transformación que vivimos los peregrinos desde que comenzamos a planificar la mochila para el Camino de Santiago hasta semanas después de regresar a casa. Todos afrontamos el reto del Camino de Santiago desde diferentes puntos de vista y lo recorremos con diferentes motivaciones; algunos caminan por razones espirituales ya sean religiosas o nootros por el componente de aventura o de turismo, otros peregrinos para cortar de raíz con la rutina del día a día o incluso buscando un antes y un después que ayuda a pasar una mala experiencia vital. El espíritu jacobeo también se hace notar cuando nos deja ese reconocible vacío dentro al llegar al hogar y volver a la rutina, aunque con nuestra perspectiva vital cambiada para siempre. No se puede entender la hermandad entre peregrinos sin la voluntad de prestar ayuda siempre al que lo necesite y de agradecer con el alma, sin exigir, a aquellas personas que hacen que el Camino siga funcionando, como los hospitaleros voluntarios. Disfrutar de todos los detalles, sin prisas El espíritu del peregrino también es en gran parte aprender a dejarnos llevar y disfrutar poco a poco de lo que nos rodea, sin prisas por llegar a la meta.

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Encuentra la validación de El Cazamentiras al final de la noticia. Por: Maru Lombardo 31 de enero , a. Hace cuatro años vivió una experimento que lo llevó a cuestionarse muchas cosas. En este punto, recalca que no era una persona muy creyente en el judaísmo, aunque había sido criado en esa cultura. Ya pasó. Y hoy, aunque no es practicante asiduo del judaísmo, sigue pensando en esa voz y en la aplomo que le causó.

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Y una reflexión final sobre por qué si renuncias a esa idea para no preocupar o disgustar a tus seres queridos, nadie gana. Es una experiencia maravillosa e inolvidable. La familia te dice que es una ebriedad, que es peligroso. Nadie con quien hablar, con quien reír o llorar si hace falta. Hay tantas cosas que te impiden hacerlo… Pero te equivocas. En todo. No hubo tampoco un solo momento en el que me sintiese amenazada, temerosa o insegura. Durante los 10 primeros días viajé acompañada por una amiga, de esas que puedes tener a tu lado 24 horas seguidas y echarla de menos al minuto siguiente de admirar cómo se marcha.